domingo, 18 de febrero de 2018

Castillos y motas en la alta edad media hispanica

Puede parecer chocante, pero el norte de Hispania durante la alta edad media, especialmente tras el colapso que supuso la invasión musulmana, era una tierra empobrecida con respecto al sur. Los grandes castillos que se hicieron populares en el siglo XIII, no eran aun un reflejo real de la sociedad medieval peninsular.

Normalmente la construcción de un castillo requería muchísimo esfuerzo, poder adquisitivo y tiempo. Unas generaciones comenzaban un trabajo que a buen seguro terminarían otras. Así pues es frecuente encontrarse con castillos cuyos orígenes datan del siglo X u XI, pero su estilo es propio de siglos posteriores. Esto se debe a que comenzaron a construirse en esos años, seguramente sobre estructuras anteriores, y terminaron de construirse bajo la forma que conocemos muchos siglos después.

Contextualizando el tema con el mundo de los ataques vikingos a España, nos encontramos con numerosas referencias a fortalezas en el viejo reino de Asturias (cornisa cantábrica) que fueron construidas sobre antiguos asentamientos previos, bien celtas, bien visigodos, bien tardo romanos. La propia palabra castillo procede de Castellum cuyos orígenes se encuentran en las fortificaciones celticas o proto celticas de buena parte de la España central y norte conocidas como  castros.
Bajo el “terror” normando al cantábrico, tomaron relevancia algunas construcciones importantes para la defensa del litoral. El castillo de San Martín construido por Alfonso III (866 – 910 ) en la entrada del río Nalón para defender la zona de los piratas nórdicos. Precisamente, y según se cuenta, un buen ejemplo de lo expuesto anteriormente, ya que el castillo de San Martín fue un castro celta previo.

En Villaviciosa una atalaya con muro de base visigoda. En Ribadesella una posible ubicación del mítico castillo de Bivanoe etc. Nos demuestra aparentemente lo que parece un intento en toda regla de los monarcas astures destinado a la protección de sus rías por medio de un sistema defensivo “anti normando” que giraría entorno al castillo de Gauzón como modelo base. También ocurrió en Galicia con las míticas torres de Catoira. Todos ellos, ejemplos de fortalezas construidas durante los siglos oscuros. De apariencia muy tocas, conservando aun una notable influencia en su estructura del mundo tardo antiguo, si bien no predominante, si residual.

De todos modos los grandes castillos no fueron la tónica contra la que se chocaron los vikingos a su llegada a España. Muy posiblemente los ataques que se realizaban en pequeños lugares, tenían lugar contra torres o pequeñas fortalezas que diferían mucho de las titanicas construcciones posteriores mas propias de siglos aun por llegar como el XIII o XIV

Los grandes castillos medievales no llegarían hasta muchos años después estando localizados en lugares muy concretos. La mayoría de las fortificaciones durante la alta edad media encargadas de custodiar caminos, pasos, o pequeñas villas serían de tipo motas

El modelo predominante eran castillos pequeños que se construían siempre que se podía aprovechando fortalezas previas. ¿Qué sucedía cuando no había una fortaleza previa?. En ese caso había que comenzar desde cero, indudablemente fue el caso de muchos señoríos locales creados durante la alta edad media. Señores con tierras que proteger o regir por mandato de condes o reyes que empezaban la construcción de una empalizada de madera a modo de muro , que con el paso de los años y la prosperidad del lugar terminaría siendo de piedra. En su interior una torre central dominaba el lugar, seguramente también de madera en sus inicios. 

Hay no obstante una construcción típica en la alta edad media, que se creía inexistente en Hispania, me refiero a las populares “motas” de madera típicas en el mundo franco y anglo-sajón.

Torres defensivas construidas sobre elevaciones del terreno, rodeadas de un muro de madera o piedra, muy posiblemente siguiendo el procedimiento antes comentado. Primero de madera para ser sustituida con el tiempo por muros de piedra. En España parece que no fueron tan habituales como en otras partes de Europa occidental, incluso se pensaba que no habían existido al estilo de las inglesas. Idea desechada desde hace tiempo al encontrar numerosas evidencias de las cuales hablaremos mas tarde.

En las islas británicas la más popular de las motas es la de Tombridge. En España una de las más populares por su anomalía con respecto a las demás, es la mota de Tres Palacios en Cantabria.
Las construcciones defensivas terreas, como también se conoce a las motas, representan una complejidad importante, mucho más de lo que a simple vista parecían.
Enormes taludes, colinas artificiales construidas únicamente para consolidar la posición, fosos, rampas, eran elementos habituales en las motas altmedievales hispanicas.

Resultado de imagen de mota de tres palacios cantabria

La mota de tres Palacios en Cantabria es uno de varios ejemplos de construcciones de tipo "mota" en los reinos cristianos de la península ibérica.

En las actuales provincias de Valladolid, Burgos y Palencia las fortificaciones terreas se hallan sobre relieves elevados en las márgenes de grandes ríos: Alarzón, Arlanza, Carrión, Pisuerga, ya sea sobre cerros adelantados y aislados a media altura entre los páramos, ya se sitúen sobre un espigón, o sobre un curso vadeable o bien comunicado, como pasa en Cabezón y Pampliega.

Escribano Velasco  en su publicación del 2001 –Analisis del macrorelieve en arqueología medieval. Establece una relación directa entre estos “castillos terrenos” y lugares estratégicos de lejanos tiempos. Exactamente enclaves defensivos  de la edad del hierro reutilizados por romanos y visigodos.

El propio Escribano nos describe como serían las motas alto medievales de los siglos oscuros en las tierras al norte del Duero, Galicia y cornisa cantábrica

(..) Las motas suponen una sobreelevación artificial de aspecto cónico, máso menos desmochado, debido al aporte de tierras procedentes de la excavación de grandes fosos que las circundan. Puede presentar diferentes plataformas de altura y dimensiones variables, plantas circulares y ovaladas y fuertes pendientes en todos sus flancos garantizando así la inexpugnabilidad del reducto.
En ocasiones, como ocurre en el Castillo de Torquemada, se conservan aún un puente sobre el foso. En la parte alta de la colina se levantaría la torre de madera (..)

Parece que se trataba de posiciones defensivas construidas sobre elevaciones naturales del terreno, que además eran reforzadas para su defensa con empalizadas de madera, fosos con agua, etc. Sin ninguna duda se trataba de castillos en miniatura que en muchos casos posiblemente precedían a las grandes construcciones posteriores. En estas fortalezas compuestas por torre y empalizada circular, se situarían señores, o caballeros encargados de custodiar caminos (Caso de mota de Tres Palacios - Cantabria). O bien simples custodios de fronteras trabajando para sus señores, regidores de áreas.


Las motas medievales en los reinos cristianos del norte del Duero, llegaban a ser creadas sobre colinas elevadas por la mano del hombre con el único pretesto de construir una torre de madera fortificada con una empalizada que controlara la zona encomendada por algún aristocrata

El estado actual de la mayoría de las motas españolas, y el poco interés que despierta en este país cualquier estudio histórico que no esté relacionado con la guerra civil, el siglo XIII, o el renacimiento, hacen difícil poder establecer un origen cronológico de las mismas. Hay quien asegura que muchas de ellas datan del siglo IX y del X, sin ser nombradas como motas en aquellos tiempos.

(..) Jalonaban vías de comunicación de importancia, aunque no existen datos concretos de un sistema como tal destinado a ello. (..)

Nuevamente la medievalista Consuelo Escribano Velasco nos dice:

(..) Todos estos enclaves se encuentran inventariados como yacimientos arqueológicos que es posible poner en relación con otros de origen alto medieval en otras zonas de la meseta norte situados en el valle del Duero, del Cega o del Eresma (..) No podemos olvidar que en la alta edad media no son frecuentes las alusiones a territorios poblados, organizados y zonas controladas desde núcleos fortificados por élites sociales desde el siglo IX.
Grimaldo nos confirma la existencia de una organización territorial dependiente de la fortaleza de Muño en el siglo X “territorium muniensis castri”  y de su tenente, el conde, que desde aquí organizaba la repoblación y reorganización de algunos otros territorios como Roa sobre la línea de Duero (..)

Parece evidente que muchas fortificaciones de tipo “mota” ocuparon un espacio vacío en medio de la nada, dando fuerza a la teoría de posiciones destinadas al control ocasional de caminos, tierras y fronteras. O fortificaciones destinadas a políticas concretas como la repoblación de las tierras al norte del Duero expuesta por Consuelo Escribano, o la vigilancia territorial.

En la zona del norte peninsular, dentro del territorio exacto bajo ataques normandos, no encontramos referencias directas a ataques a motas. Pero pensamos que fueron posibles al tratarse de una fortificación defensiva destinada a controlar las tierras, estando documentada en el norte de España con la ya nombrada Mota de Tres Palacios en Cantabria, o la mota medieval de la iglesia de Alaiza (Alava). Pintura a la izquierda de artículo, que nos deja ver un aparente ataque a la fortificación, la cual es a su vez es defendida desde las murallas por guerreros

Alvar Ordoño - Articulo escrito para la revista impresa de Hispania de los Vikingos especial Reinos Hispanos. Y publicado en el magazine online de Hispania de los Vikingos el 17 de Abril del 2016 bajo el titulo de: Castillos y motas en la alta edad media hispanica


Malismos, los duendes de las cavernas del folclore castellano.

Moran en tenebrosas cuevas y antros preñados de tinieblas, junto a murciélagos y demás criaturas nocturnas. Son babeantes, feos con avaricia, poca estatura, aun cuando algunos son del tamaño de un hombre. De aspecto feroz, llenos de pelos que le cubren todo el cuerpo en largas y grasientas guedejas, segunda piel que arrastran.

Algunos de ellos son los encargados de guardar los tesoros y riquezas que hay bajo tierra. Curiosamente nadie los ha visto, nunca acuden a la superficie, la luz les ofende y consume. Son los más peligrosos de todos los duendes, pues son diestros en encantos y hechicerías dañinas. Peores que el "Pernales". Quiere la tradición que alguno de ellos velan el cumplimiento de la maldición condenatoria de la "Encantá" sanjuanera.

Así  describe Carlos Villar Esparza en la revista Folklore nº 188 del año 1996 a estos duendes oscuros y malévolos a los que llama Malismos, Duendes trogloditas, La mala gente, Malos duendes, o duendes de las cavernas.

Son criaturas tenebrosas que la tradición ha querido emparentar con el mito de los trolls escandinavos, causa por la cual se ha pretendido encontrar un origen en el mito relacionado con la llegada y asentamiento de los godos en Castilla. A mi modo de ver esto es un recurso muy fácil en la búsqueda de mitos. Y es que es muy frecuente intentar relacionar cualquier creencia actual, con los pueblos primitivos que dieron origen a la nación o a los diferentes reinos medievales. Se olvida muchas veces que a lo largo de cientos de años Castilla ha sido una tierra de paso a la que muchos hombres llegaron procedentes de norte y centro de Europa. Tomando y asentándose en pueblos como política de repoblación durante el renacimiento o bajo la alta edad media. Me inclino más por pensar que estas gentes trajeron creencias de sus países originales que mantuvieron y contaron en los asentamientos castellanos de villa y tierra, donde se fusionaron con tradiciones populares incorporando con el paso de los años trasformados en décadas, una identidad propia sacada del entorno y paisaje.

Así pues es posible que los Malismos o los duendes de las cavernas tengan en realidad un origen germánico, pero no en los godos, sino en los Borgoñones traídos en el siglo XI por Raimundo de Borgoña para repoblar la zona de Segovia. O en los germanos llegados de Flandes o de Alemania  como política de repoblación de Carlos V para asentarse en las vegas y villas de la Mancha y Andalucía. Se me presenta más fácil interpretar una era más cercana al mito del malismo contra la idea de remontarla al siglo V.

Sea como fuere lo cierto es que los malismos son uno de los muchos ejemplos de duendes de la naturaleza en su faceta oscura. Son criaturas nocturnas, relacionadas directamente con los lugares lúgubres y oscuros. Bosques húmedos otoñales, frías y solitarias montañas, profundos valles de perpetuas nieblas... o áridas y desamparadas mesetas donde una cueva, o grieta en tierra, permita que el malismo se esconda y salga a determinadas horas a realizar sus maldades. Pues de ahí le viene el nombre, de las maldades que realiza.

Son seres solitarios y uraños, mal olientes, por lo que resulta fácil predecir su presencia, pues esta va precedida de un olor nauseabundo, como a animal muerto. Si caminando por un lugar solitario cae la noche, falta la luz, o las copas de los arboles no permiten que entren los rayos del sol, y comenzamos a oler algo repugnante en el aire, es muy posible que estemos siendo observados por un malismo.


Carlos Villar Esparza en su artículo: Notas de la mitología popular manchega. Asegura que el malismo, al igual que la gran mayoría de los duendes del folklore popular castellano,  sean benignos o malignos, siente una predilección por la música ante la que no puede resistirse. Ejerce un poder hipnótico en la criatura, momento en el que se puede escapar evitando así una desgracia.

Alvar Ordoño - Articulo publicado el 17 de Febrero del año 2018 para la publicación Nueva Bardulia bajo el título de: Malismos, los duendes de las cavernas del folclore castellano .



sábado, 17 de febrero de 2018

El licántropo castellano se llamó Lobo Hechizado

Aunque las fuentes no quedan demasiado claras, parece que al hombre lobo típico de la mitología folclórica castellana, se le llama o conoce con el nombre de lobo Hechizado.  En realidad no es muy diferente al llobu home asturiano, o al lobisome gallego. No en vano Castilla fue durante siglos parte de esa gran tierra que en la alta edad media se conoció con el nombre de Gallaecia. Y es que no podemos olvidar que buena parte del norte de la actual Castilla se pasó varios siglos bajo la monarquía asturiana. Otros tantos como condado vasallo de la monarquía leonesa. Y repoblado desde el siglo XI en adelante por gentes llegadas del norte de España ya como reino independiente. Es por tanto fácil de entender la conexión más que evidente que comparten muchas tradiciones castellanas con  gallegas o asturianas.  

El lobo hechizado era una persona afectada por licantropía, bien por una maldición, bien por brujería mediante ungüentos creados por una bruja. Al igual que en otros casos, con la llegada de la luna llena se ocasionaban cambios en el afectado. Crecimiento de pelo por todo el cuerpo, dientes largos, uñas de las manos largas. En ocasiones caminaba a cuatro patas y gruñía. Cuando no se transformaba directamente en un gigantesco lobo que aterraba los alrededores del pueblo. 

En Villamanrique (Ciudad Real) se describe un episodio en el que se dice que el Lobo Hechizado tenía aspecto de perro rabioso, y que bajaba de la espesura de los montes causando daño a cuantas gentes se encontraba por el camino, llegando también a matar el ganado de los pastores en su afán voraz por comer carne. Todo ello ocurría en las noches de luna llena, solo en ellas el hechizado se convertía en lobo. 

Según la tradición castellana de ámbito rural, el lobo hechizado era un ser humano que se convertía en lobo bien por una maldición o bien por brujería. Cuando se transformaba caminaba como un perro, desarrollaba garras y colmillos, y le crecía el pelo en la espalda

Quizás una característica propia del área castellana, es que el hombre hechizado por el mal era consciente, y avisaba a familiares y vecinos para que cerraran las puertas y no le abrieran. Cuando llegaba el momento subía al monte a encontrarse con los lobos. Llegando a ser parte de la manada, o al menos se hacía acompañar por lobos auténticos. Entonces vivía y se comportaba como ellos, bajando al pueblo y arañando las puertas de las casas, regresando al monte con los lobos con la llegada del alba, para retornar ya como un hombre al día siguiente. Prueba de ello eran las marcas de los arañazos y mechones de pelo que los lugareños veían aterrados  con la luz del día en sus portones. 

Realmente hay una gran similitud entre el mito del lobo hechizado y el “tio Lobo”. Un personaje popular del que se cuenta se volvía lobo con pelos en la cara en las noches de luna llena. Siendo un vecino normal y corriente la mayoría de días, pero con la necesidad llegada la luna de llena de adentrarse en el bosque y convertirse en lobo. 

Parece ser, que en las comunidades campesinas tradicionales castellanas, había cierta permisividad con estos “licántropos”, a los cuales se les consentía robar o matar algún animal que otro (a modo de donación ante un ser desgraciado ) para saciar el hambre. Que tras esto, incluso se podía establecer conversación o convivencia con él, a pesar que su aspecto inspirar temor o recelo.


En algunas leyendas castellanas se dice, que el lobo hechizado subía al monte en las noches de luna llena para juntarse con las manadas de lobos. Atacando a los viajeros que encontraba en los caminos de los fríos días invernales

Hay diversas leyendas castellanas del hombre-lobo como protagonista. Hay una versión recogida en Robledo de Corpes (Guadalajara) en 1988. En la que se presenta a un lobo-hechicero, cuya condición desconocía su familia. Y un día yendo la mujer a llevarle la comida fue asaltada por un lobo que la mordió y desgarró la ropa. Tras esto, la mujer pudo retomar el camino para contar a su marido lo ocurrido. Éste, tras peguntar por su tardanza, le fue revelado el suceso. Pero la mujer, extrañada al ver que su marido no comía lo que ésta le había traído (tras el duro trabajo) le preguntó, con lo que el marido respondió “¡Cómo voy a comer si no tengo ganas de comer!”. Y tras hacer amago de comer, la mujer descubrió los hilachos de sus medias en sus dientes. Huyendo ésta al pueblo para denunciarlo, parece ser que en este caso sí ajusticiaron al lobo.

Hay otro caso interesante, que si bien nuevamente y como en los anteriores, no podemos detallar por falta de documentación si se trata de leyenda o de realidad. Lo cierto es que el caso recuerda mucho al monstruo del Gevaudan, en Francia. Se trata de la conocida como “fiera de El Espinar” en la provincia de Segovia. No es exactamente un caso de lobo hechizado, pero si posiblemente relacionado con un “hombre lobo” o monstruo de origen incierto. Parece ser, y según recoge el escritor Miguel Medina en su Monstruos de Romance. El año de 1847 una criatura monstruosa aterró la población de El Espinar, en Segovia. 

La criatura tras aterrar el lugar durante algunos días llegó a entrar en la iglesia despedazando a todos los feligreses antes de ser muerto con una bala bendecida. El caso también fue recogido por el escritor gallego Vicente Risco, en el 1958 (fieras de Romance).

Sean o no ciertas estas leyendas, las cuales son bastante complicadas de rastrear. Lo cierto es que en tódo el área de Castilla existe una tradición relacionada con el mundo de los lobos. La fascinación del hombre por el lobo no viene de ahora, ni de aquellos tiempos. Seguramente procede de tradiciones y creencias muy ancestrales que han acompañado a los “castellanos” desde sus más remotos orígenes étnicos como creencias antropológicas. Y es que es conocido el caso del dios lobo Endovelico entre los celtiberos. Por otro lado son frecuentes en las tradiciones indoeuropeas de la edad del hierro y bronce, la creencia de la trasmutación de alma de los hombres adquiriendo cualidades de los animales, fueran lobos u osos. Los propios celtiberos creían que conseguían adquirir la fuerza del oso por medio de un ritual que consistía en beber su cerebro, según lo describe Plinio.

La creencia en hombres lobo, hombres oso, hombres jaguar u hombres león etc, es en realidad propia al ser humano. El cual siempre ha temido y respetado esa parte animal que tenemos todos, así como a los animales feroces con los que convivía. Durante muchos años los guerreros realizaban rituales para adquirir las cualidades de los lobos aplicadas al combate. Con la llegada del cristianismo pasó a ser pecado. Pero presuponemos que en los años de transición, se siguieron practicando estos rituales, los cuales con el paso de los años terminaron por ser una creencia popular relacionada con seres mitológicos que causaban mal en las comunidades rurales.

En las sociedades primitivas como los celtas o los godos de tradición germánica. Existía la creencia de que el guerrero podía adquirir la fuerza y fiereza de un lobo por medio de rituales consagrados al dios o espíritu del animal. 

Alvar Ordoño - Articulo escrito el 16 de Febrero del año 2018 para la publicación Nueva Bardulia bajo el titulo de: El licántropo en Castilla se llamó lobo Hechizado

jueves, 15 de febrero de 2018

La formación del territorio de Asturias en el periodo de la monarquía asturiana. Por José Avelino Guitierrez Gonzalez

La estructura territorial de Asturias es el resultado de un complejo y dilatado proceso de ordenación y reordenación de espacios a lo largo del tiempo. La imagen de que la actual región presenta un mapa inalterado no se corresponde realmente con el devenir histórico.


La creación del reino de Asturias, como la de otras grandes entidades históricas y políticas que llegarían muchos años después, son consecuencia directa de la irrupción violenta de los musulmanes en el año 711. Momento en el que el reino visigodo de Toledo se colapsa creando nuevas entidades que llegaran a tener vida propia en los siglos venideros, si bien la mayoría de ellas nacen siendo “hijas” del reino astur durante el siglo VIII

miércoles, 14 de febrero de 2018

Las guerras de los caballeros en la Galicia medieval. Por Carlos Barros


La Galicia bajomedieval ofrece un escenario ideal para observar dos actitudes contrapuestas en relación a la guerra y los conflictos generados por la caballería feudal: frente a la visión interna, ofrecida por la propia nobleza, que tiende a presentar la violencia a la luz de los valores caballerescos –alegando especialmente la defensa del honor–, otros sectores sociales, representados por los letrados y los campesinos, ofrecen una perspectiva completamente distinta que pone el énfasis en la codicia y el robo como factores explicativos de la guerra feudal.

Aun cuando el documento publicado trata de Galicia, es extensible en parte a otros reinos o territorios de la Hispania norteña. Numerosos documentos de la época muestran una visión constante de conflictos entre noblezas locales, campesinos que organizan milicias para vengar las ofrentas de villas vecinas,  o pequeños aristócratas que convocan fonsados locales para robar y saquear territorios vecinos. 

La imagen generalizada de una Hispania cristiana unida contra el enemigo musulmán, dista mucho de ser real. La realidad es que tras las fronteras cristianas nacían miles de conflictos pequeños, focalizados en pequeños problemas del día a día que no pocas veces se solucionaban con la guerra.

Comunidades, territorios y poder condal en la Castilla del Duero en el siglo X


Este articulo pretende investigar las estructuras políticas y sociales del sector meridional del condado de Castilla en el siglo X. Hasta ahora habitualmente entendidas como resultado directo de la expansión castellana sobre unos territorios anteriormente despoblados. El análisis de las estructuras territoriales abre la puerta a una interpretación centrada en la dialéctica entre procesos de comunidad a largo plazo, que se remontan a la época tardoantigua e incluso más atrás, y alteraciones recientes de gran calado resultantes de la incorporación de estas áreas al condado de Castilla. Un análisis detallado de los procesos históricos que afectan al sector meridional de Castilla entre finales del siglo X y comienzos del siglo XI desaconseja utilizar este caso – como se hace a menudo – a manera de modelo extrapolable a otros espacios peor documentados, y, en cambio, proporciona una interesante muestra de cómo reaccionan unas comunidades  de pequeña escala, en función de la presencia o ausencia de un sistema político englobante de escala mayor y sus fluctuaciones. El material analizado mueve a considerar la necesidad de desarrollar enfoques más complejos para abordar la relación entre las divisiones políticas y administrativas –alfoces- y las estructuras sociales subyacentes.

lunes, 12 de febrero de 2018

La Castilla primitiva (750 - 931): condes, territorios y villas

Interesantísimo escrito de Carlos Estepa Díez sobre la Castilla primitiva del 750 al 931. Un estudio corto, pero esclarecedor en muchos aspectos que acerca al lector al mundo medieval del condado de Castilla, su sociedad y sus condes. Imprescindible para todo interesado en profundizar en la sociedad de los reinos del Norte de la península ibérica.